El movimiento de las tradwives tiene como objetivo minar los logros obtenidos por el movimiento feminista en el mundo. Surge producto de un movimiento nostálgico por la servidumbre femenina de los años 50s y 60s, y su discurso llama a reinstalar la incontestable subordinación de la mujer a través de la promesa de un mejor futuro en el que solo se deba servir y atender al marido y a los hijos. Busca la óptima funcionalidad de una casa confortable y con todos los servicios, a la vez que trata de invisibilizar la opresión de la mujer y la lucha de clases sociales, temas fundamentales del feminismo como movimiento revolucionario, filosófico y de pensamiento crítico.
El malintencionado movimiento tradwife crea una ficción. Desde esa torre de marfil no se conoce o no se está consciente de los problemas socioeconómicos ocasionados por el capitalismo salvaje, como lo son el neocolonialismo, el extractivismo y el saqueo de los países periféricos, el racismo, la discriminación, la criminalización de la migración y la permanencia del militarismo. También facilita ignorar problemas referentes a la carestía, la violencia, la desigualdad, la falta de empleo o bien la resignación ante un empleo precario mal remunerado, la ausencia de sistemas públicos del cuidado, entre otros.
Así, este movimiento conservador invita a las mujeres a optar por ese estilo de vida, aprovechándose de la disposición de las redes sociales y diferentes espacios públicos y plataformas a las que tienen la posibilidad de acceder gracias a su poder adquisitivo. Promueve el conservadurismo a partir de una feminidad basada en visualizar como único destino válido el matrimonio, pero no cualquier tipo de matrimonio, sino uno en donde las mujeres deben ser sumisas ante el esposo, ser económicamente dependientes, perpetuar la familia tradicional y valores religiosos que rechazan directamente al feminismo y al estado laico.
Sin embargo, las representantes de este movimiento conservador hacen gala de la incongruencia inherente a sus posturas. Estas figuras se benefician directamente de los logros obtenidos por la lucha feminista, como la participación en las esferas públicas. Erika Kirk, una de las principales dirigentes, promueve la práctica del rol sumiso de la mujer. Esto se ha consolidado en la anacrónica propuesta de limitar la participación política de las mujeres por medio de la instalación de un voto por hogar, el cual claramente sería decidido y ejercido por el hombre.
Así, mujeres como Erika Kirk se desenvuelven en espacios públicos, obtienen dividendos económicos y utilizan los derechos que el feminismo ha conseguido para ella y todas nosotras para impulsar un discurso antifeminista que aboga por una regresividad e invisibilización de la lucha y organización de las feministas en el mundo.
No podemos pasar por alto que el movimiento tradwife forma parte de una agenda conservadora que busca expandirse en todo el mundo. El contexto geopolítico actual muestra que el saqueo colonial no es un asunto del pasado, la derecha ha ido ganando espacios políticos relevantes en América Latina a la luz y dirección del Trumpismo —secuestro de Nicolás Maduro e intervención en Venezuela, triunfos electorales en Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y alianzas políticas con Milei en Argentina y Bukele en el Salvador—.
En conclusión, este movimiento forma parte de una estrategia que surge de grupos conservadores con poder económico y obedece a una guerra cognitiva que tiene el propósito de ganar conciencias, adeptas y adeptos, para robustecer un pensamiento afín al poder depredador, injerencista, colonizador y globalizador del mercado en la era digital. Por eso resulta indispensable reencontrarnos dentro del movimiento feminista, hacer alianzas al interior y con los movimientos sociales que también luchan contra un neofascismo rampante.
RED POR LA JUSTICIA Y LA EQUIDAD